Recientemente el mundo del cómic español se ha visto convulsionado por un
artículo que el escritor Vicente Molina Foix ha publicado en la revista Tiempo. No voy a ocultar que mi primera reacción fue de ira y decepción. De ira por los términos en los que se expresaba el aludido y decepción porque servidor sentía (y siente) un profundo respeto por él. Sí, pese a no haber leído ninguna de sus novelas (ignoro, de hecho, cuantas ha escrito) lo cierto es que Molina Foix es autor de tres memorables antologías temáticas de género fantástico y de terror que guardo en mis estanterías como oro en paño: "La Eva fantástica" y "Los hombres lobo" ambas publicadas por Siruela y "Horrorscope" en la extinta colección Nostromo de la editorial Alfaguara. Es por ello sorprendente que alguien que ha dedicado tan loable esfuerzo a rescatar piezas de un género literario tan denostado por la crítica, arremeta sin pudor contra la historieta, un Arte (lo quiera él o no) que ha sufrido en sus carnes los mismos dardos envenenados, y además con una suerte de comparaciones totalmente desafortunadas y apoyándose en sus escasos o inexistentes conocimientos del mismo.
No obstante, a mi primera reacción, que fue la de manifestar virulentamente mi desacuerdo con él, dio paso la cautela. Ahora que poco a poco el humo de la polvareda empieza a asentarse, empiezo a entender mejor el asunto, a tener, digámoslo así, una mejor perspectiva.
Molina Foix no ha hecho otra cosa que manifestar abiertamente lo que él y muchos otros intelectuales y escritores piensan del cómic. Mal que nos pese es así, al menos en este país. Lo que refleja su artículo y que nos escuece especialmente es el escaso interés, la falta de conocimiento de un medio que para ellos es, como mucho y al decir de Muñoz Molina "la gustosa anticipación de los libros".
Así están las cosas y antes de estigmatizar a Molina Foix, debemos pensar que lo que nos queda, como creadores, es un trabajo titánico por hacer para cambiar esa mentalidad hostil. Y lo tenemos que lograr haciendo buenos cómics, implicándonos por completo en la tarea. Ese es el modo de invertir esta lamentable tendencia. Desde hace ya varias décadas el cómic patrio está produciendo obras de hondo calado con nuestro Carlos Giménez a la cabeza. Y están también Miguelanxo Prado, Luis Durán o Paco Roca creando obras brillantes, complejas, comprometidas. Cualquiera de ellas podría desbaratar sobradamente los argumentos de Molina Foix.
Algunos de estos autores citan como sus influencias a escritores como Bradbury, Asimov, London... Es frecuente encontrar la huella de la literatura en los creadores de historieta y profundamente descorazonador que el fenómeno inverso se produzca en muy contadas ocasiones. Pero lejos de desgarrarnos las vestiduras y sumergirnos en disputas interminables, creo que esto debe ser un acicate para, echando mano de la humildad, ponernos manos a la obra.
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